Publicado por: María Rosell




Huella Humana


¿Por qué es importante gestionar el saldo de nuestra cuenta

de objetivos no conseguidos?


Hemos convertido septiembre en un mes exigente, quizá más bien de exigencia. Le pedimos a estos 30 días que sigan el ritmo que nuestra mente demanda para conseguir que se cumplan sus nuevos objetivos, casi extirpando a golpe de deberes nuestra relativa fluidez con el ritmo del verano. De cero a cien en un segundo.

Nos encanta plantearnos nuevos retos, perspectivas, la idea de un nuevo comienzo… aunque con los periodos de activación de metas y planes de acción llega con frecuencia una sombra, que se cierne sobre nuestras expectativas de éxito ante los nuevos propósitos.

La sombra de los objetivos no conseguidos

Sí, los resultados esperados que no se dieron. Los proyectos que iniciamos y no terminamos de llevar a cabo según lo definido. Ese mismo objetivo que septiembre tras septiembre, quizá enmascarado bajo otra fórmula, hace de nuevo su aparición en la agenda.

Más allá del ámbito de los objetivos personales, cabe decir que esta sombra se cierne aún más sobre los entornos profesionales de gestión por objetivos, impactando y a veces hiriendo de muerte a equipos y organizaciones en su conjunto. Por eso lo que desarrollo hoy aquí tiene sentido y aplicabilidad en la esfera individual y en la colectiva o colaborativa.

El bulevar de los objetivos rotos

Ignorar los fantasmas del pasado no va a ayudarnos en nuestro camino hacia nuevas metas, al igual que tampoco va a hacerlo castigarnos por lo que «debió» ser y no fue.  Resulta determinante llevar a cabo un proceso de integración que nos ayude a transitar por este bulevar de los objetivos rotos, con el sentido de restaurar la confianza en nuestra capacidad para abordar lo nuevo.  Hay una herida que necesita ser curada. Preguntas en el aire que necesitan ser respondidas para poder seguir adelante.

Y es que ignorar la existencia de una experiencia de resultado no conseguido no es que sea empezar con mal pie lo siguiente, es que supone empezar con el pie del miedo. Mermar el potencial.

En mis años de trabajo con equipos, he presenciado en muchas ocasiones el desgaste invisible que se asienta en el equipo que no habilita el espacio para recoger las conclusiones, los aprendizajes y las consecuencias de «lo no conseguido». Al saltarnos la reflexión y acallar el impacto que ha tenido en nosotros lo anterior, las decisiones del presente parten del miedo a lo que sucedió (o no) en el pasado, de la incomprensión, limitando las posibilidades a futuro, sometiéndolas al yugo de conclusiones reduccionistas.

Revisitar, soltar y atender

Así resumo el ejercicio para poder convertir información del pasado en conocimiento y aprendizaje presente. Me gusta el concepto de re-visitar, porque en cierto modo expresa la actitud de hacerlo «desde el balcón». Al re-visitar el proceso que llevamos a cabo de camino hacia el objetivo no conseguido, lo hacemos en el espacio de cierta ecuanimidad que media entre el círculo de preocupación y el círculo de influencia de nuestras acciones y reflexiones.

Preguntas como ¿Qué podría hacer de forma diferente en la próxima ocasión? Nos sitúan en el espacio de la oportunidad, la responsabilidad, la toma de decisiones consciente.

Preguntas como ¿Qué podría haber hecho mejor? Nos sitúan en el espacio del juicio, el remordimiento, el miedo y la incapacidad de actuar sobre lo que ya son preocupaciones.

Re-visitar la experiencia te ayudará a abrir espacio para los aprendizajes de lo vivido en la falta de resultados esperados. Soltar lo obsoleto, no solo para dejar espacio a los nuevos retos sino para que lo anterior se convierta en algo diferente y alcance sentido.

El peso del historial no gestionado internamente y la represión de las emociones que conlleva, pueden alterar la visión sobre la situación. No imaginas el peso de la energía de algunos equipos que no han resuelto sus cuentas pendientes con un objetivo no conseguido y lo compleja que se vuelve la situación para el cambio si como facilitadora no priorizo la apertura de un espacio en el que las personas integren lo que está aún por procesar internamente, con el objetivo de reducir el dolor a su mínimo impacto.

Aquí es donde viene la parte de atender. Atender al presente, poner el foco en las circunstancias actuales para poder generar nuevas soluciones que tomen en consideración lo aprendido. Porque el aprendizaje es el puente responsable que tendemos desde ese objetivo no conseguido, hasta el presente en el que se encuentra nuestro verdadero escenario de generación de nuevos recursos. Una de las razones por las que me parece que la atención plena es de suma importancia en el desarrollo de equipos y organizacional, es porque es habilitadora de planteamientos eficaces de objetivos. No tenemos claro cómo formular objetivos.

Puedo decirte, sin temor a equivocarme, que la razón por la que fracasaron los objetivos pasados del 90% del total de personas, equipos y organizaciones con los que he trabajado en mi carrera, es no saber cómo formular objetivos adecuadamente.

Determinar una meta específica, medible, alcanzable, realizable en un tiempo determinado y que tenga en cuenta el contexto, tiene mucho más que ver con lo conectad@s que estemos con nuestro presente, que con el futuro.

El ritual de la retrospectiva

El objetivo de una retrospectiva es elegir en qué medida o acción nos vamos a concentrar para ejercer un cambio eficaz en el curso de las acciones que desplegamos hacia un nuevo objetivo, tomando como punto de partida un proceso de acción anterior. Una buena retrospectiva puede ser un ritual para la liberación de talento, creatividad e innovación, si tiene en cuenta los siguientes requisitos:

1.Prepara el espacio para la confianza. Una retrospectiva está muy lejos de ser un martirio interminable sobre todo lo que fue «mal». Se trata de un espacio-tiempo con principio y fin clarificados y enfocado en:

  • Hallar una forma de mejorar una práctica
  • Buscar una forma de flexibilizar la exigencia hacia un nuevo objetivo
  • Entender qué falló en el planteamiento del objetivo
  • Descubrir qué se ha hecho bien
  • Restaurar una relación dañada
  1. Apóyate en datos. Es importante separar entre hechos y creencias, para poder arrojar una luz eficaz sobre lo que interesa hacer de forma diferente. Por eso es importante que a la hora de plantear objetivos, determinemos las métricas o indicadores que nos ayudarán a entender en qué punto del mundo físico (y no solo de nuestras percepciones) nos encontramos. El binomio mucho/ poco aporta información pobre, mientras que un «3% más que el año pasado» o «2 veces a la semana», son cuantificadores que crean una imagen clara de los elementos que necesitamos tener en cuenta en la ecuación. También puede traerte información valiosa que reflexiones sobre los obstáculos, emociones, imprevistos, que tuvieron lugar en algún punto, siempre que estén relacionados con el objetivo que has planteado para tu retrospectiva.

3.Decide qué hacer desde la reflexión que llega con los datos. La acción es la forma de escapar de la parálisis por análisis. Una retrospectiva sirve para salir a experimentar de nuevo, en ella creas un espacio más seguro para hacerlo.

4.Ponle fin a la retrospectiva.Como te decía unas líneas arriba, una vez hecho el análisis acotado para determinar una mejora sobre el objetivo que te hayas marcado, cierra la retrospectiva.

Para poder exponer problemas y soluciones de una forma ordenada, hay técnicas como la de la estrella de mar, que pueden ayudarte.

Huella Humana

A grandes rasgos, esta técnica se desarrolla en las siguientes categorías:

  1. Empezar a hacer
  2. Dejar de hacer
  3. Hacer menos
  4. Seguir haciendo
  5. Hacer más

A través de recursos como este, podemos aumentar la eficiencia del proceso y la calidad del resultado de la retrospectiva, generando un aprendizaje más significativo que sirva de base para la próxima meta u objetivo que nos planteemos.

A modo de conclusión, querid@ lector/a…

No dejes que los objetivos agotados cuenten la historia de tus nuevas metas. Sácalos del limbo de «pendientes» que solo resta, a través de uno de los elementos más valiosos que trae nuestro paso por la vida: El aprendizaje.


Y tú, ¿Cómo te relacionas con tus objetivos «agotados»?