Publicado por: Susana Aznar Roche
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Huella Humana



En las organizaciones, así como en los individuos, hay una falta de escucha activa. Quizá esta afirmación suena muy categórica o tajante, y me puedes decir que no hay que generalizar.

Definición de escucha activa

La escucha activa es una técnica y estrategia específica de la comunicación humana. Basada en el trabajo de Carl Rogers, es utilizada en campos como la enfermería, la psicoterapia y la resolución de conflictos. En 2002, Rost la definió como «un término genérico para definir una serie de comportamientos y actitudes que preparan al receptor a escuchar, a concentrarse en la persona que habla y a proporcionar respuestas (feedback)». Implica, asimismo, entre otros aspectos, ofrecer disponibilidad y mostrar interés por la persona que habla. La escucha activa consiste en una forma de comunicación que demuestra al hablante que el oyente le ha entendido. Se refiere a la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo.

escucha activa
Pero ¿qué es para ti escuchar? Para mi, es poner todos mis sentidos en la persona que me está hablando, parar y dejar aquello que esté haciendo, y dedicar mi tiempo, mi energía y mi atención al otro. Y ahora te pregunto, ¿podrías pensar cuántas veces al día haces esto? ¿eres consciente de hacerlo?
Entre las habilidades que caracterizan a directivos y profesionales exitosos se encuentra la de saber escuchar, su ausencia es uno de los factores generadores de conflictos. La habilidad de “saber escuchar” es más difícil de encontrar y desarrollar que la de ser “buen comunicador”. A un buen mánager o directivo a veces se le presuponen estas dos habilidades, pero cuando en una conversación, una de las personas está pendiente del móvil o del ordenador, es complicado pensar que su escucha es activa y consciente.

¿Qué está sucediendo en las organizaciones?

El hablar de este tema no es casual, llevo mucho tiempo pensando en ello, y el haberme incorporado al mercado laboral por cuenta ajena de nuevo, después de cuatro años trabajando en crecimiento personal, ha sido un choque bastante fuerte. Una de las cosas que más me ha llamado la atención es el tema de la comunicación y la escucha, lo que significan estos términos para cada uno de nosotros, y los conflictos que se pueden crear a causa de la desconexión entre estas distintas formas de SER y ESTAR.

Hay diferentes tipos de liderazgo, y yo he decidido no seguir patrones, no seguir líneas antiguas ni nuevas, sólo SER YO. Y en ese SER, apuesto por esa forma de escuchar, de atender, de sostener, de acompañar.

Estoy de acuerdo en que algunas organizaciones con pocos recursos y mucha carga de trabajo, es complicado parar el ritmo del día a día y poner en práctica esto que os propongo. Doy fe, lo he experimentado este último mes. Pero entonces, me pregunto ¿qué tipo de organizaciones queremos?

No sé si habéis visto la película Tiempos Modernos, de Charles Chaplin (1936), en la que un obrero de la industria del acero acaba perdiendo la razón, extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje de su trabajo. Hace poco tuve la oportunidad de verla, y desde un punto de vista muy distinto al de hace unos años cuando la vi por primera vez. Estos días de mucho estrés en el trabajo me he vuelto a acordar de ella. Y en ocasiones he tenido esa sensación de estar en una cadena de montaje, sin tiempo para parar a pensar, y ya no te digo respirar, en la que los empleados somos meros peones sin derecho a cuestionar ni las decisiones ni la organización.

liderazgo
Para mí, no somos peones o recursos para utilizar y exprimir hasta la extenuación o hasta el conocido “burnout”. Todos, independientemente de nuestro puesto, somos piezas muy valiosas en un engranaje que es la organización, y todos somos igual de necesarios para que la maquinaria funcione. Y cuando una de estas piezas deba salirse del sistema temporal o permanentemente, el resto de las piezas puedan sostener el sistema y buscar otra pieza que reemplace la anterior, si ésta no vuelve. Porque si señores, en el mercado laboral, nadie es imprescindible. Y además de esto, estas piezas piensan, sienten, se hunden y vuelven a levantar.

Yo no quiero en las organizaciones personas que sean capaces de desconectar su corazón antes de entrar por la puerta, yo quiero personas valientes con capacidad de decirme: “Mira Susana, hoy no tengo un buen día por un tema personal, ya me perdonarás si hoy no doy el 100%”. ¡Olé! Pero para esto, hay que aprender a escuchar y empatizar.
meditación
Según el cuarto acuerdo de la Sabiduría Tolteca: independientemente de los resultados, debes intentar siempre hacer el máximo de lo que puedas en cada situación. Ni más ni menos. Dependiendo de tus circunstancias en el momento concreto, hacer el máximo puede no ser siempre igual. Hay días mejores y peores. Situaciones más fáciles y difíciles. No importa. ¡Entrégate! Limítate siempre a hacer lo máximo que puedas en cada momento. No importa lo que consigas.

La escucha comienza por uno mismo

Pero, y ¿esto cómo se logra? Para poder escuchar a los demás lo más importante es comenzar con uno mismo, y sin duda, esta parte es la más complicada.

Cuando comenzamos a escucharnos tendemos a hacerlo de manera no muy consciente desde el plano mental, y al hacerlo de esa manera, escuchamos nuestra mente, nuestros diálogos internos, y no siempre nos va a gustar lo que escuchemos en esa sintonía. El verdadero trabajo y el más honesto es aprender a escuchar nuestro corazón, nuestra alma porque allí están todas las respuestas, allí está nuestra verdadera naturaleza, ahí está el TODO y la NADA. El SILENCIO.

Te propongo un ejercicio: busca un momento en el día con silencio (todo el que puedas) en tu casa, enciende una vela e incienso, prepárate un vaso de agua mineral, ponte ropa cómoda, música que te guste (o sin ella) y siéntate en un lugar cómodo para ti.Cierra tus ojos y toma tres respiraciones profundas, observa cómo inhalas y observa cómo exhalas. Conecta con tu respiración y pon tu atención en ella.

Seguro que te vienen pensamientos a tu mente, no te enredes en ellos, solamente obsérvalos y déjalos ir, este momento te lo has regalado únicamente para ti y tu alma, para conectaros y unificaros.

Cuando eres capaz de dejar atrás tu mente, comenzarás a escuchar tu corazón, tu guía, eso que desde nuestra mente racional llamamos intuición, que no es otra cosa que tu corazón hablándote y guiándote por un camino u otro.

Haz este ejercicio a diario, comenzando con 5 minutos es suficiente para no cansarte y poder incorporarlo a tu rutina.
Este trabajo no es un sprint, sino una carrera de fondo, irás notando beneficios poco a poco, no esperes cambios sustanciales de la noche a la mañana. Y, sobre todo, si no te resuena o sientes que no es para ti, no lo hagas. Ya te llegará tu momento.

En el momento en el que sepas escuchar tu corazón, encontrarás rápidamente tu “centro”, al que volver cada vez que le des poder a algo externo que te saque de él.

Y, desde tu centro, será mucho más sencillo que estés alineado y seas coherente entre tu pensamiento y tu sentir, y escuches activamente a esa persona que está a tu lado, sea en lo laboral o en lo personal, y cuya alma ha coincidido con la tuya en este tiempo y esta vida.
¡Libera tu corazón, y permítete SER!