Publicado por: Juan Martínez
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Huella Humana


El pasado enero entré en Huella Humana y Aurora, ese gran corazón que mueve y da calor humano en esta maravillosa comunidad que, como ella, queremos generar una huella humana en este mundo, en resumen, Aurora organizó un evento de bienvenida para que los nuevos miembros nos conociéramos. En una dinámica coincidí con Valeria Colombo y, tras presentarme, me dijo: “Juan, sabía que ibas a hablar del amor, es muy tuyo”. Pues sí, cuando estoy en confianza hablo descaradamente de amor, cuando no lo estoy, también hablo de amor, solamente que con otras palabras. Entonces, ¿qué mejor post que hablar del amor en las organizaciones?
Comencemos por las grandes preguntas: ¿qué es el amor? y ¿qué tiene que ver el entorno laboral con el amor? Porque existe un tabú acerca del amor en general, y específicamente acerca del amor en un contexto laboral. Sí, más de una persona ya en el primer párrafo se echará a temblar, son terribles todos los casos en los que una persona, en el trabajo, ha sufrido por acoso de algún tipo, porque no siempre el amor es entendido de una manera sana, positiva, y se entiende en clave de posesión, de manera egocéntrica.
Sin embargo, es mucho lo que nos perdemos por evitar el amor en las organizaciones, por evitar un espacio que unos pocos confunden, y estoy convencido de que muchos podemos vivir de una manera sana, positiva y que nos ayude a aumentar la plenitud y nuestra realización en compañía de las personas con las que más tiempo pasamos al día.

El amor ágape

No te voy a engañar, tuvo que ser la Dra. Paloma Fuentes, en el pasado Human Coffee de Huella Humana, quien compartiera una de las claves para poder hablar de amor en las organizaciones, y es que Paloma, si me permite la confianza, nos regaló cómo podemos clasificar el amor, para diferenciar en qué contextos aplicar cada tipo de amor.

Los antiguos griegos tenían tres términos diferenciados para referirse a ese concepto que hoy en día llamamos “amor”. Comencemos por el primero, Eros, se refiere a la atracción física y el deseo sexual hacia otras personas. Por motivos evidentes, este tipo de amor queda excluido del contexto de las organizaciones. Precisamente en esta manera de reconocerlo es como tajantemente podemos diferenciarlo y excluirlo del contexto laboral. No conozco a nadie serio que recomiende beber alcohol en el trabajo, pues lo mismo con el sexo. En absoluto se trata de negar nuestra naturaleza humana y animal, y precisamente por lo primero, porque somos seres humanos racionales, tenemos la capacidad de regular qué comportamientos quedan reservados exclusivamente al contexto personal, no al laboral. 


Huella Humana

Otro término griego es Philia, que define el sentimiento y nuestros comportamientos hacia aquellas personas que consideramos amigos. Sería una fantástica noticia poder llegar a ser todos amigos y tratarnos como amigos en el trabajo, sin embargo, no es real y cae en la utopía. Precisamente la diversidad, en este caso la diversidad de personalidades, hace que una relación de amistad entre todas las personas de un equipo sea difícil. Es recomendable que nos focalicemos en la inclusión, en el respeto hacia las personas que se comportan y deciden diferente a nosotros, que manifiestan otras prioridades, y generar marcos en los que nos vemos como personas, no como diferentes, reconociendo cómo juntando nuestras diferencias emerge un mejor resultado. A diferencia de Eros, la amistad, Philia, es una manifestación del amor que puede ocurrir en el contexto profesional, si bien no debería ser un objetivo, sino una consecuencia de nuestras interacciones.
Por último, los griegos acuñaron un tercer término: Ágape. Un término para reconocer un sentimiento básico e incondicional y que no requiere que seamos amigos o que exista deseo, sencillamente consiste en generar pensamientos positivos y mostrar comportamientos positivos hacia otras personas por el sencillo hecho de que son personas. Ágape es una actitud y una manera de pensar que no se restringe solamente a las personas, también se puede extender a toda clase de animales, la naturaleza y el medio ambiente. ¿Alguna vez has sentido dentro de ti una paz, una reconciliación contigo, un sentir sencillamente de ser y estar y mirar a otros con gratitud y con aprecio? Eso es ágape.

Amor ágape es cuando ves a un compañero y le preguntas si le puedes ayudar, es cuando necesita entregar algo para el día siguiente y te quedas a ayudar. Amor ágape también es una mirada amable, es dar las gracias a una compañera cuando te envía algo que necesitas para continuar, o cuando te envía algo que le pides. Amor ágape es reconocer a otros, las cosas que hacen bien, lo que aportan al equipo, al ambiente de trabajo. Amor ágape de contribuir, compartir tus conocimientos, aprendizajes y errores. Todavía se sigue pensando que la información es poder, amor ágape es compartir para cooperar y hacer algo mejor juntos. 
¿Realmente necesitamos una razón para comportarnos amablemente hacia otra persona? La realidad es que no lo hacemos, y ¿por qué? comencemos por nuestras creencias, nuestros pensamientos. Pongamos un ejemplo, cuando era pequeño había un niño pelirrojo en el colegio que me hacía la vida imposible, por ende, saqué como conclusión que otros niños podrían tratarme mal, y especialmente los pelirrojos. Ahora que soy adulto, es posible que me cueste relacionarme con personas pelirrojas. De paso, vivo pensando que otras personas pueden ser hostiles conmigo. Entonces, cuando pienso así ¿cuál es mi predisposición hacia otras personas? Si de antemano temo que un desconocido me pueda hacer daño ¿cuál será mi actitud desde un comienzo? ¿qué percibirá la otra persona? Sinceramente, todo apunta a que empezamos mal…

Alguien nos puede decir: “vale, pero con un compañero del trabajo no es una ficción mía, es que fíjate lo que me hizo […]”. Hay una frase que Don Miguel Ruiz nos regala, procedente de la civilización Tolteca y sus 4 acuerdos para una vida plena, que enuncia: “No te tomes nada personal”. La mayoría de las acciones de otras personas carecen de un carácter personal, es decir, se hubieran realizado igual estuviera yo u otra persona en mi lugar. Además, es importante que demos a cada persona la responsabilidad de sus actos, y asumir los míos. Ante cualquier acto de otra persona, yo tengo la libertad de elegir cómo me quiero comportar yo.

La viralización del amor ágape

¿Has visto la película Klaus? No te hago ‘spoiler’, sencillamente, en medio de un ambiente hostil y agresivo, un primer acto de buena voluntad, de ilusión, desencadena una consecución de acciones amables hacia otros que acaban inundando el pueblo entero de alegría y bondad.
¿Fantasía? En absoluto, nuestras actitudes y nuestros comportamientos se contagian, sí, como los virus. La verdad es que para algunos comportamientos no nos vendría mal una mascarilla… ¿conoces las neuronas espejo? Pues las tienes y vienen de serie, es un mecanismo por el cual cada individuo es capaz de ser sensible a su entorno, adaptarse y repetirlo como si fuéramos un espejo. Te pongo como ejemplo lo más básico, vas caminando por la calle y otra persona se ríe, o camina sonriendo ¿te ha pasado que te encuentras a ti mismx sonriendo?

Cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de decidir si queremos ser onda expansiva de los comportamientos a nuestro alrededor, o inhibidores, como un cortafuegos que frena a las emociones y los comportamientos de otros para evitar que se extiendan. Esto puede pasar en positivo como en negativo, es terrible cuando en un equipo hay un ambientazo buenísimo y una persona sola es capaz de tumbarlo y dejar aquello como un solaz solar.
Hay un término informático que me encanta aplicar a este contexto: hacker. Un hacker es una persona (en su acepción original, con conocimientos informáticos) que sabe cómo activar comportamientos no esperados, o incluso contrarios a lo previsto. ¿Y si nos viéramos a nosotros mismos como hackers de nuestro entorno en el trabajo? Esto podría significar que cuando otras personas muestran actitudes y comportamientos positivos, amplificamos, que cuando hacen lo contrario, activamos los firewalls inhibiendo su señal, y cuando se necesita somos capaces de traer aire fresco, ilusión, humanidad. No, no estoy hablando de estar alegres y sonrientes todo el día, que tampoco hemos de caer en la esclavitud de esa mal entendida felicidad, porque felicitad es más plenitud que tener todo el día una sonrisa Profidén (sí, soy generación X, y en mi época había anuncios de sonrisas Profidén).

La mentalidad como punto de partida

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Entonces, ¿por dónde comienzo si quiero sumarme para ser un hacker del entorno y dar un paso al frente para nuevos ambientes y relaciones más sanas en el trabajo? Pues el primer paso es revisar y evolucionar nuestra mentalidad. La mentalidad es cómo me veo a mí mismx, y cómo veo a otras personas.

La mentalidad se puede representar a través de frases, que representan nuestros pensamientos y creencias. Por ejemplo, una persona piensa, o tiene la creencia de: “yo soy la mejor”. ¿Qué se infiere de esa manera de pensar? Pues como es un superlativo, lleva inherente lo siguiente: “yo soy la mejor, y tú no”. A partir de esta creencia, ¿qué comportamiento podemos esperar de esta persona hacia otros? ¿qué tipo de relaciones establecerá con otras personas del equipo? ¿qué va a necesitar demostrarse a sí mismx constantemente para mantener esa creencia?

Todo comienza por cómo me veo a mí mismx, cómo construyo mi identidad, o revisar cómo la he construido. ¿Qué pienso de mí mismx? ¿Cómo me percibo? Como muestro en el ejemplo anterior, veo a otros desde cómo me veo a mí. Veamos otros ejemplos: “me veo uno más, lo que yo hago lo hace cualquiera, soy prescindible, podría ser un pañuelo de un solo uso”. Desde esa mentalidad, ¿qué tipo de relaciones buscaré con otras personas? Claramente me esforzaré por demostrar, estaré pendiente de qué piensan otros de mí, haré lo que sea necesario para obtener reconocimiento. ¿Cómo percibirán otros a esta persona?
Es importante revisar lo que pensamos de nosotros mismos, eso que nos decimos, nuestros pensamientos. Cuando me relaciono con otras personas, ¿me posiciono a la misma altura? ¿me veo por encima, o por debajo? Si me veo a la misma altura ¿cuál es mi postura frente a otros?

Hay una frase que repito en los talleres, sí, es una frase muy habitual en coaching: “Toda persona es completa, tiene creatividad y recursos”. Pero antes de pensar en otros, ¿me veo a mí mismx como una persona completa, creativa y con recursos propios, es decir, fortalezas? Un buen ejercicio es poner la atención durante el día a cuánto nos criticamos a nosotros mismxs. Hagámoslo un juego ¿cuántas veces al día eres capaz de ‘cazarte’ diciéndote cosas negativas de ti?


Aprender a amarme

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Puede ser que me repita, pero, ¿cómo voy a poder tener una relación sana, equilibrada y en ágape con otras personas si no soy capaz de amarme a mí primero? Habitualmente repito un mantra: “Llegar para llevar a otros”. En el caso del amor “ágape” en las organizaciones, sería una pretensión ilusoria fomentar un amor ágape hacia otros cuando no somos capaces nosotros. El amor en las organizaciones es una responsabilidad individual, no comienza por otras personas, comienza por mí, por mostrar hacia otros comportamientos que sean un reflejo de mis pensamientos. En otro caso, antes o después nuestros pensamientos nos dejarán con el plumero al aire a través de nuestras acciones.

¿Cómo comenzar? ¿cómo aprender a amarnos? Pues no es sencillo y al mismo tiempo sí lo es. Además, amarnos es el primer paso para nuestra felicidad, es la base y ahora profundizaremos en ello. Nadie nos dijo que la felicidad hemos de trabajarla, parecía que la felicidad era algo que llegaba, incluso que nos merecíamos. Pues la neurociencia nos dice lo contrario, que la felicidad es un hábito, que requiere de acciones y que, cuanto más nos alejemos de dichas acciones, más esfuerzo requeriremos para lograr la felicidad. Y no solamente eso, la neurociencia nos dice que nuestra fisiología, cómo está conformado nuestro cerebro, puede hacer que nos sea más fácil ser felices o que hayamos de esforzarnos más.

Veamos un primer paso para comenzar a amarnos, y a ser más felices. Como adelantaba antes, ¿cómo nos hablamos? Todo nace en nuestro lenguaje interior. Luis Castellanos ha escrito unos libros fantásticos acerca del lenguaje positivo, como dice en sus charlas: “cuida tus palabras, y ellas cuidarán de ti”. Además de sus libros, puedes escucharle en esta charla de BBVA Aprendemos Juntos: https://www.youtube.com/watch?v=FzSOzxiNtFQ

Como nos hablamos a nosotros mismos es como nos tratamos. La relación más íntima e importante que tenemos en la vida es la relación que sostenemos con nosotros mismos. Estamos 24 horas día con nosotros, gran parte del día nos lo pasamos hablándonos a nosotros mismos. Al igual que en una relación entre personas, es fácil identificar si hay amor por la manera en la que se hablan. Pues lo mismo contigo mismx, cómo te hablas es un reflejo de cómo te amas.

“El lenguaje positivo es la capacidad de encontrar un futuro diferente al que tenemos” una fantástica frase del autor Luis Castellanos. Revisemos un poco porqué, pongamos un ejemplo, en una reunión de trabajo un compañero hizo un comentario y sentí que mis ideas quedaron en ridículo, sentí vergüenza, posteriormente me culpaba, más tardé mis pensamientos le atacaban, esta persona estuvo todo el fin de semana en mi cabeza, y sentía odio y rabia hacia él. Según se acercaba el final del domingo, temblaba de miedo de volver al trabajo y sentir el ridículo del recuerdo de la reunión. Incluso puedo llegar a pensar: “mejor dejar de participar y me callo”. Varias preguntas ¿quién pierde con estos pensamientos? La verdad es que perdemos todos, porque perdemos a las personas y su alegría en el trabajo, e inicialmente pierde la propia persona. Por otro lado, ¿cuánto tiempo permanece siendo realidad una acción que realmente duró unos segundos? Son los pensamientos los que hacen que una acción se extienda en el tiempo, el lenguaje negativo nos quita poder sobre nuestras vidas, para entregarlo a las circunstancias. Por último, ¿ocurrió realmente así? ¿Esa persona realmente quería ridiculizarme? Si hubiera un espacio de diálogo, es posible que la otra persona compartiera otra intención, o incluso en el caso de haberlo hecho, en muchos casos tener la ocasión de pedir perdón.

He de reconocer que una de las personas que más echo en falta desde hace años es Eduard Punset, su contribución al conocimiento de nosotros mismos es una maravilla. Hay una charla fantástica que te comparto porque Eduard nos cuenta precisamente porqué podemos cambiar. Es falsa esa creencia de que “a cierta edad ya no podemos cambiar”. Es una justificación frente al esfuerzo que nos puede requerir cambiar. Nuestro cerebro es plástico, somos una especie con una altísima capacidad de adaptación, precisamente nuestro cerebro es capaz de adaptarse a nuevos retos para poder sobrevivir, y vivir. Puedes disfrutar de su didáctica y divertida charla aquí: https://www.youtube.com/watch?v=N_LfjJ3QAt0

Parecería que amarnos, la felicidad y la valentía son términos ajenos entre sí. Y no es así, aprender a amarnos es el camino para ser más felices, y la valentía nos va a ser muy necesaria para cuestionarnos a nosotros mismos, para esforzarnos, para romper con la costumbre de años y superarnos, para comenzar a pensar mejor de nosotros mismos.
Entonces, ¿Qué podemos hacer? Seguro que hay una lista más exhaustiva, en este artículo vamos a centrarnos en lo básico:

1.-Piensa bien de ti. Eso que nos dice Luis Castellanos, cultiva tu lenguaje positivo. Pon atención a qué te dices, y pon disciplina en tu lenguaje para comenzar a hablarte de manera positiva.

2.-Cuídate. Revisa tu agenda semanal, identifica qué acciones realizas para cuidarte, y también procura cuidarte en tres ejes: tu cuerpo, tu nutrición y tus pensamientos.

Te doy algunas pistas:
  • Duerme adecuadamente, entre 7 y 9 horas, te ayudará a segregar dopamina, una hormona fantástica que nos da alegría y más capacidad de atención.
  • Haz ejercicio físico, la actividad física nos ayuda a generar también dopamina. Además de saber que hacemos algo por nosotros mismos e incrementar nuestra autoestima.
  • Celebra tus logros. Si no identificas logros hoy, vete al pasado, aunque sea hace años. Y vas y te haces una celebración, puede ser sencilla, y celebras las cosas que has hecho bien. Cuando te celebras, también segregas dopamina.
  • Da gracias. Ahora vamos a ese capítulo y te hago un poco de ‘spoiler’, agradecer a otros segrega en nuestro cerebro otra hormona, la serotonina, que nos eleva el estado de ánimo.
  • Visita la naturaleza. Un baño de árboles, les abrazas, un paseo por el campo, por el parque, ver atentamente la naturaleza. La neurociencia nos dice que también segregamos serotonina.
  • Da abrazos, un buen abrazo nos ayuda a segregar oxitocina, una hormona que nos vuelve más sociales y generosos, eso que llamamos ‘humanos’.
  • Si en tu entorno personal tienes más difícil dar abrazos, medita, un hábito de meditación también segrega oxitocina, genera paz, equilibrio, y está demostrado que no reordena el cerebro y las neuronas.
  • Baila o canta, o ambas, ¿Cuándo fue la última vez que cantaste? Ponte una buena canción, cántala, monta un karaoke con tus amigos, los hay online. Baila, donde te vean o donde no te vean, mueve el esqueleto. ¿Sabes por qué? Pues porque segregamos endorfina, y esa también es una hormona maravillosa que alivia el dolor, el estrés y fortalece nuestro sistema inmunitario.
  • Ríe. Ponte un podcast de chistes, un humorista, una comedia en la tele, ríete, con lo que sea, y si puedes ríete de ti mismx. Reír puede ser muy sencillo, un rato, y también nos ayuda a segregar endorfina.
¿Te das cuenta? No es sencillo y al mismo tiempo sí lo es. Es más sencillo que ir a la farmacia a buscar medicinas, es preventivo porque nos ayudará a prevenir y nos permitirá estar mejor anímica y físicamente. Lo que difícil es hacer el hueco en la agenda diaria y semanal, y hacer un hábito. Lo fácil es volver a caer en la rutina, en no hacerlo, en dormirnos cómodamente en una rutina triste.

3.- Agradece. Agradecer nos da serotonina, nos hace sentir bien. Y te propongo ir más allá, date las gracias, da gracias no a otros sino a lo que ocurre en tu día a día. Me llama poderosamente la atención que estamos todo el día comparándonos, el coche del vecino, la casa en la playa de unos amigos, el bebé de unos primos… centramos nuestra atención en lo que no tenemos. La psicología nos demuestra que tendemos a hacer realidad en nuestras vidas aquello en lo ponemos atención. Cuando ponemos atención en lo que nos falta, en lo que otros tienen y nosotros no, ¿qué emoción desarrollamos? Carencia.
Te propongo una dinámica sencilla. Cada noche, antes de acostarte identifica tres cosas que quieres agradecer, porque has podido disfrutarlas. Aprecia, desde un “gracias porque tengo agua caliente” (¿sabes los miles de millones de personas que no tienen?), hasta un “gracias porque mi pareja me acompaña”, o un “gracias por haber ayudado a mi vecino a subir la compra”.
No te digo más, prueba unos días y vívelo a ver qué te aporta. 

4.-Perdona. Hoy en día resiliencia es una de las palabras más repetidas, yo tengo la convicción de que el perdón es necesario para poder superar la adversidad. Cuando vivimos una adversidad, un proyecto frustrado, una venta que no se da, una pérdida de un ser querido, existe una tendencia a buscar las razones, culpas, a cuestionarnos si merecemos eso que vivimos.
El perdón nos lleva a la aceptación, es posible que no identifiquemos el perdón como necesario, sin embargo, nuestras emociones no dejan de ser más que un reflejo de nuestra relación con nosotros mismos.
Existe un ejercicio ancestral de las tribus de Hawái que se llama Ho’oponopono, es un sencillo ejercicio para trabajar el perdón, traer calma y mayor paz, ante el conflicto o la adversidad.
Reserva unos minutos en soledad y tranquilidad, puedes poner delante de ti una foto tuya de tu infancia, puedes cerrar los ojos y verte cuando eras niñx. De esta manera, teniendo presente la adversidad que estás viviendo, repites:

-Lo siento
-Perdón
-Gracias 
-Te amo

Y lo repites tantas veces como necesites, no hay un número fijo. Las personas que practican este sencillo ejercicio explican que poco a poco van sintiendo más calma, más aceptación, más trascendencia respecto de las circunstancias, es decir, verlo con algo más de perspectiva.

5.-Crece. Pensar bien de ti mismx no significa que para nada te quedes en la comodidad de no hacer nada o vivir un día de la marmota. Ponte retos, ve un poco más allá, recupera proyectos. Si siempre quisiste pintar o tocar la guitarra ¿por qué no ponerte? No hace falta adquirir el equipo más profesional, ve poco a poco. Puedes comenzar yoga con una clase a la semana, puedes volver a estudiar.
A medida que compruebes que puedes, que te superas, poco a poco, tu autoestima crecerá, tu confianza en tus capacidades aumentará.

6.-Ayuda a otros. Sí, soy consciente de que Punset me chifla, y este episodio de Redes es muy revelador. En este episodio Michael Norton nos desvela sus investigaciones, y cómo dar a otros, la generosidad, nos ayuda a nosotros, para ser más felices. El capítulo se llama “dar para ser felices”: https://www.rtve.es/alacarta/videos/redes/redes-dar-para-ser-felices/1864348/ 

Precisamente en el amor a nosotros mismos, intuyo que aquí sí que es imperioso que estén presentes los tres amores, Philia, ser nuestro mejor amigo, Eros, conscientes y en contacto con nuestra propia piel, para poder vivir el amor Ágape, el amor universal y esencial, comenzando por nosotros mismos.

El amor (ágape) en las organizaciones

Oye Juan, este artículo quería hablar de organizaciones, pues hemos llegado. Solamente que era necesario visitar todo lo anterior para entender las bases de los seres humanos que podrán lograr que el amor ágape esté presente en las organizaciones. Por mucho que desde las empresas queramos impulsar culturas más humanas, las organizaciones pueden transformar las normas, las condiciones de contorno para facilitarlo, pueden compartir el conocimiento para que, conociendo cómo ser más felices individualmente, nuestras interacciones en el trabajo apunten en la misma dirección. Sin embargo, si no contamos con personas que lo apoyen con sus pensamientos, mentalidad e intención, tampoco será posible.

Impulsando el amor ágape en las organizaciones

1.Dar el conocimiento y el reconocimiento. Toda organización puede poner en marcha un programa de bienestar organizacional que comparta con las personas cómo ser más felices, cómo desarrollar hábitos para amarnos más a nosotros mismos, al igual que identificar actitudes y comportamientos que modelen las interacciones de amor entre las personas.
Por ejemplo, si colaborar o cooperar es un valor a reforzar, poner ejemplos y reconocer los comportamientos que lo evidencian. Permitir a las personas, en foros, incluso en dinámicas participativas, que expresen cómo ellos lo llevan a cabo.
Decía Carl Jung que, en cada sociedad, los héroes son una representación del espíritu de su tiempo. Es importante que cada organización forje sus héroes, es decir, a quién reconoce y premia, en base a los comportamientos, no solo los resultados.

2.Integrar interacciones humanas en las maneras de trabajar. Podemos revisar las maneras de trabajar, los roles, la carga de trabajo y la capacidad de los equipos, para incluir dinámicas que favorezcan el amor en el trabajo. 
Por ejemplo, podemos incluir un indicador del número de veces que mis compañeros me han ayudado, un indicador que se cuenta con el número de gracias que hay en una pizarra o un muro.
Podemos implantar kudos, una versión online o en la oficina tener la cajita y las tarjetas para que escribamos nuestro agradecimiento a otros. En atSistemas lo tenemos implantado, y te aseguro que es adictivo y cuando recibes uno, te da un subidón.
Algo que te puede sorprender, incluir en las maneras de trabajar pausas para respirar. Cuando tu agenda, o alguien indica que a tales horas del día, todos paramos para respirar, se ha compartido una sencilla guía, e incluso te puedes conectar a una sala online donde una persona está guiando una respiración profunda y oxigenadora. Entonces estamos integrando hábitos, bienestar y amor en el trabajo. Y no creo que por parar un par de minutos tres o cuatro veces al día, vayamos a hundir los resultados, posiblemente todo lo contrario.

3.Desarrollar un liderazgo humano y alegre. Los líderes de cada equipo son quienes pueden sostener el ambiente de trabajo, las maneras de trabajar y la cultura. Los líderes, desde el líder de equipo, el manager o una directora, hasta el/la CEO, pueden regular las normas y la cultura que se vive. Si una persona del equipo critica o es sarcástica con otra, el líder del equipo puede dar un feedback al respecto, además de facilitar dinámicas más humanas e inclusivas, con más amor.
Un día nos convoca nuestro responsable, unos minutos, y comienza a hablar de sus sueños, así, sin filtros. Tras dar el primer paso nos pregunta ¿quién quiere compartir su sueño? Y así sigue una ronda de sueños donde todos compartimos sueños e ilusión. ¿Qué crees que ocurre después? Luego hablamos de inclusión, una dinámica tan sencilla genera inclusión, porque nos conocemos más, más allá de nuestra máscara social, nos comenzamos a ver como personas, iguales, nos olvidamos más de las diferencias.
Los líderes son referentes de la cultura, en el ejemplo del punto anterior, si cuando llega la hora de la respiración “corporativa” nunca para y lo hace ¿qué mensaje está transmitiendo al equipo? Los líderes transmiten qué es lo importante, qué está aceptado y qué no tanto. Y no, no sirve eso de “haz lo que digo y no lo que hago”.

4.Evolucionar, o transformar, el modelo de negocio. Sí, soy consciente de que hablamos de palabras mayores. Sin embargo, si toda la prioridad está puesta en vender más y generar más rentabilidad cada año, y las personas no están en la agenda. Pues ocurren cosas humanas y alegres porque las personas le ponemos voluntad, pero acabamos percibiendo que es un ‘fake’, un postureo.
Cuando visitamos el modelo de negocio y equilibramos el valor que aportamos a clientes, accionistas, personas y entorno, y eso baja al modelo operativo, las maneras de trabajar y el modelo de gobierno, entonces existe un espacio para que la organización sea más humana, las interacciones integren más amor, y la manera de medir pase de KPIs a OKRs. Pero no por cambiar la manera de medir, sino por dejar de medir para justificar nuestro trabajo, y comenzar a medir el valor que generamos, incluidas las personas y el entorno.
De esta manera, evidentemente vender seguirá siendo una prioridad, ninguna empresa es viable sin ingresos, sin rentabilidad, eso es indudable. Y además, las personas también serán una prioridad, y hacerlo posible será con ellas, no mediante ellas.

5.Implementar herramientas y ejercicios que refuercen el amor en las interacciones. En las organizaciones Teal hay una dinámica llamada el proceso de los consejos. Cuando vamos a reforzar la delegación en los equipos y la autogestión, incluso cuando no, es cierto que cuando una persona ha de tomar una decisión se puede sentir sola y con incertidumbre respecto a si la decisión es correcta. El proceso de los consejos consiste en pedir consejo a otras personas, en absoluto es traspasar la responsabilidad, sencillamente es hacerles partícipes y escuchar otros puntos de vista. Para decisiones sencillas no es necesario, para decisiones de mayor calado puede ayudar a la autogestión, el empoderamiento de los equipos y lograr más humanidad, y amor, en el trabajo.
En los equipos podemos incluir la herramienta del “contenedor de relaciones”. En los equipos son tan importante las interacciones y las relaciones, como los individuos, sino más. Precisamente hoy escuchaba de mi colega HR y agile, Guadalupe González, el término anomia, ese fenómeno que se produce en las organizaciones y en los equipos en ausencia de normas sociales. Hace años escuché en una organización algo como: “me da igual cómo, con tal de que traigáis resultados”. Mejor no te cuento qué tipo de dinámicas se generaban, poco humanas, con poco amor. En ausencia de normas, las interacciones entre las personas se degradan, la incertidumbre genera miedo y el miedo es lo contrario del amor, desencadena comportamientos incluso crueles. 

El “contenedor de relaciones” es una herramienta muy sencilla, humana e inclusiva. Una persona del equipo, respaldada por o el mismo líder, pregunta: “¿qué necesitamos cada uno de nosotros para sentirnos cómodos trabajando en equipo?”. Es algo que se puede hacer tomando un café. Cuando una persona del equipo diga un término, por ejemplo confianza, o respeto, o diversión, es importante preguntar al resto si están de acuerdo. Haremos una lista solamente con aquellos valores que son aceptados por todos. Sí, has leído bien, lo que nos están diciendo las personas son valores expresados en sus propias palabras.

¿Qué logramos? Identificamos el espacio mínimo en el que todos estamos de acuerdo y en el que todos queremos relacionarnos e interactuar. No, no será una lista para que se olvide, como la misión, visión y valores de las empresas, será una lista para compartir y tener presente, cada día. Podremos poner en el fondo de pantalla del ordenador, del móvil, un cartel en el puesto de trabajo. En un equipo una vez hicimos tazas con nuestros valores, o nuestro contenedor.Es responsabilidad de todos mantenerlo, y como decíamos antes, el líder del equipo es quien sostendrá que esté presente y las interacciones ocurran dentro del contenedor. El equipo podrá revisarlo, ajustarlo, ampliarlo, porque el equipo y las personas evolucionan. El resultado suele ser relaciones más humanas, más amor, más confianza entre el equipo, y porqué no decirlo, más cohesión y más productividad.

Como conclusión, necesitamos comenzar a hablar del amor en las organizaciones. Porque cuando hablamos de bienestar y de humanizar las organizaciones, la esencia de todo es la presencia de amor, amor ágape, esa actitud positiva hacia los demás y hacia nosotros mismos. Desde las empresas podemos desarrollar programas de bienestar que nos ayuden a entender como estar mejor, y cómo podemos amarnos mejor a nosotros mismos, para amarnos mejor unos a otros en el trabajo. Podemos evolucionar los programas de bienestar para que conecten con el negocio, con la operativa, y que se integren en las maneras de trabajar, para que haya prácticas y dinámicas que sostengan comportamientos más humanos, con más amor ágape. Y, sobre todo, que comencemos a dar pasos, porque es posible, y todo suma.

Si has llegado hasta aquí, gracias, espero que tu tiempo lo haya valido en términos de disfrute, descubrimiento, resonancia al menos. He escrito este artículo con la intención de ayudar a impulsar organizaciones más humanas, con más amor en el trabajo, porque esa es la esencia que nos hace humanos, personas, el amor, todo aquello bueno y positivo que podemos identificar en el ser humano tiene como denominador común el amor. Y si me preguntas, lo contrario del amor no es el odio, es el miedo. El miedo, esa emoción tan humana que nos puede ayudar a sobrevivir, que es importante aceptar e integrar como herramienta, sin que nos someta, porque cuando vivimos en el miedo y nos sometemos a él, lo que ocurre es poco humano, y es contrario al amor y cualquier relación y ambiente que podamos desear, para nosotros o para nadie.


Gracias a Elena Cantó siempre por su apoyo, su sabiduría y su tiempo cuando lo necesito.