Publicado por: Reinaldo Boada
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Huella Humana



Para los seres humanos el estar en contacto con el suelo es inmutable, incluso cuando para la mayoría de las personas será posible saltar, algunas lo hacen realmente muy alto y muy largo, la fuerza de gravedad del planeta tierra solo nos permite separarnos de su superficie, sin artefactos, durante muy escasos segundos. Esta interacción con la superficie terrestre trasciende hacía otro evento muy constante; la impresión de marcas físicas o rastros. Vestigios que serán dejados con o sin intención y cuya permanencia dependerá de aspectos tan diversos como: la estructura molecular del terreno, peso del individuo o animal, velocidad del movimiento, temperatura, humedad, etc. así como de la acción de los elementos naturales (fuego, aire, viento y agua) que bien podrían servir para preservarlas, borrarlas o esconderlas.

Dejar un rastro se traduce en una prueba fehaciente de la propia existencia de algo y de haber estado o pasado por algún lugar en un momento determinado, por ello muchas especies dejan innumerables mensajes químicos (hormonas y feromonas) que a modo de trazas son esparcidos en su entorno natural con la intención de ahuyentar depredadores, demostrar supremacía o atraer a sus presas y parejas. En consecuencia, cada roce, fricción, presión o paso que alguna persona o animal dé sobre alguna superficie dejará un registro que podrá ser percibido o reconocido por otro individuo, es decir, que para los seres vivos el ir dejando huellas, visibles e invisibles, es sencillamente algo inevitable.

El asunto no se queda allí y encontraremos que, en el caso de los homínidos la capacidad para dejar huellas tomó otra dirección desde el período pleistoceno cuando el homo neandertal dejara plasmadas las primeras pinturas rupestres hace al menos unos 70000 años.

Huella Humana


Una habilidad que luego se expandió notablemente con la evolución biológica y cognitiva que permitió al homo sapiens, en la era cuaternaria, trasmitir informaciones y conocimientos más precisos por medio de mensajes estructurados, valiéndose para ello de imágenes simbólicas que seguramente estuvieron asociadas con el desarrollo del lenguaje articulado. De tal manera, que puede decirse que muy posiblemente fue a partir de ese momento cuando el hecho de dejar una huella humana no sería solamente el resultado de interactuar con el suelo, sino el de una serie de acciones conscientes y muy bien premeditadas cuyo objetivo habría sido trasmitir conocimientos específicos a las próximas generaciones.     

Huellas impalpables

Si nos apartamos de todos los aspectos físicos e históricos que hacen perceptible cualquier tipo de huella, encontraremos que en la vida de los seres humanos confluyen adicionalmente otras que aun cuando pertenecen a una dimensión no palpable serán cruciales para el destino de cada persona. Hablamos específicamente de aquellas marcas que se imprimen en la mente y en los sentimientos de las personas y que resultan concluyentes para estructurar la personalidad, alimentar la autoestima y motivación, potenciar la formación académica, facilitar la selección de actividades deportivas o para la afiliación con personas de intereses parecidos, pero sobre todo aquellas que servirán para motivar al establecimiento de objetivos personales y profesionales. Irónicamente también es posible dejar huellas negativas o contraproducentes en la mente de las personas y las cuales podrían ser el origen de traumas, complejos, problemas sociales, enfermedades, depresión, etc.

Siendo precisamente por esta razón que es imperativo comprender que la profundidad de una huella a nivel de la mente no tiene nada que ver con alguna fuerza física, sino con el inexistente peso molecular de las palabras. El poder de lo que decimos sobre nosotros mismos o acerca de otras personas, de las actividades que realizamos, de las cosas que aspiramos o deseamos, de lo que opinamos o dejamos de opinar puede llegar a ser tan productivo como todo lo contrario y que la profundidad de las huellas será mucho mayor cuando estas superan el límite de lo palpable para colocarse con relativa permanencia en la mente de las personas.

Marcas mixtas

Huella Humana


Al ahondar en la manera como las personas dejamos todas nuestras huellas, encontraremos que muchas de ellas se gestan desde una mezcla entre lo palpable y lo impalpable. Por ello, lo reconocible de nuestras acciones nunca podrán estar separadas del razonamiento, ni de lo que se ha sentido o creído al momento de darle un origen o fin. En ese sentido, estas marcas no solo deben ser tratadas de comprobar en relación con las pruebas físicas, sino que también lo han de ser en función de los pensamientos, reflexiones y sentimientos que con ellas se han inspirado. 

Pues, al final tan importante como dejar huellas es que estas sean encontradas y utilizadas por otras personas como fuente de información, conocimiento y de inspiración.  

En este contexto cobra total relevancia las múltiples interacciones que tienen y tendrán las personas dentro de las organizaciones y empresas, bien sea para trabajar, formarse o divertirse, toda vez que la capacidad real que cada uno tiene para plasmar sus huellas es única en su estilo y porque la diferencia entre hacer bien un trabajo o hacerlo mejor todos los días, se centra en implicar conscientemente los valores y competencias, pero sobre todo a los talentos personales.

Huellas impresas al ritmo de tus talentos

Todas las personas poseemos una combinación única de talentos personales, esta fortuna no solo permite la diferenciación entre individuos quienes poseen algunos tipos de talentos que son similares entre ellos, sino que faculta a cada persona para dejar sus huellas con ritmo propio.

Si bien es cierto que las personas podemos aprender muchísimas cosas y de que prácticamente todos podremos desarrollar competencias puntuales, los talentos al ser innatos fomentaran en las personas la necesidad de diferenciarse con originalidad y sin moldes. Incluso cuando las condiciones pudieran ser prácticamente idénticas, cada persona dejará una marca singular e irrepetible y que no dependerá de algo que pudiese controlarse o anticiparse, sino más bien del arte con el cual cada persona innovará, creará o improvisará algo distinto con la fuerza que le aportan sus talentos.

Para muchas personas el llegar a ser un modelo a seguir o convertirse en un punto de referencia no es el motivo principal para lo que lograrán con sus ideas y acciones, sino que se trata del resultado de trabajar intensamente para cumplir con el propósito que han encontrado para sus vidas. Por ello, el ritmo con el que cada cual ha de imprimir sus huellas no tiene verdaderamente un compás ni está predeterminado por alguna métrica, estilo o modo, sino que viene dado por la utilidad que cada quien da a sus talentos. La característica ad libitum de este ritmo personal, no lo convierte en algo desordenado a pesar de sus altas cuotas de originalidad, pues sus consecuencias tienen que encajar tanto en lo útil como en lo comprensible, no se trata de moverse descompasadamente o de intentar bailar música flamenca como si fuera un tango, sino de armonizar lo que ya está establecido con lo novedoso.
 
Huella Humana

En fin, teniendo la certeza de que todos dejaremos nuestras huellas humanas de alguna forma u otra, debemos procurar que éstas sean integras y sustancialmente útiles para el bienestar de la humanidad, con una profundidad que sea tan impalpable que sencillamente no pueda borrársela o tapársela con otra y, sobre todo, que cada uno de nosotros logremos orquestar nuestras vidas teniendo por base el ritmo de nuestros talentos.

En Huella Humana siempre ponemos foco en la esencia de cada uno y creamos esos entornos y relaciones de confianza para fomentar e impulsar los talentos de cada uno, haciendo que cada persona brille por sus talentos